El arte de la enseñanza lúdica

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La enseñanza lúdica es el arte de enseñar jugando. Nada más fascinante que poder aprender divirtiéndonos, y disfrutar como educadores del arte de enseñar. Lamentablemente muchos educadores caen en la rutina a la hora de preparar y dictar sus clases, y continúan enfrascados en modelos rígidos, donde sólo tiene cabida el hemisferio izquierdo: lo lógico, lo racional, lo rígido, lo secuencial. El desafío ahora es divertirnos mientras enseñamos, y enseñar a nuestros alumnos a divertirse mientras aprenden, entonces surge la pregunta: ¿Cómo incorporo herramientas lúdicas a mis clases? Un primer punto a tomar en cuenta es lo relativo a los Sistemas de Representación Sensorial: Visual, Auditivo y Kinestésico.

Es una realidad que nuestros alumnos aprenden de diferente manera, conforme al canal o sistema de representación sensorial que predomina en ellos. Entonces, si como educadores preparamos nuestras clases de forma tal que enviemos estímulo a los tres canales, podremos tener la certeza de que ellos estarán aprendiendo mucho más ¿Qué tal usar en nuestras clases elementos visuales tales como diapositivas, láminas a color e incluir, por ejemplo, una muestra de aquello que vamos a enseñar? Con esto, enviamos información para el canal visual. ¿Qué tal si además pidiéramos a nuestros alumnos que compongan y canten una canción usando los principios del tema que estamos explicando? ¿O que busquen y canten una canción ya existente que hable sobre el tema que estamos enseñando? Así entrenaríamos el canal auditivo. ¿Y si además de todo ello les permitiéramos, en la medida de lo posible, tener contacto físico con lo que estamos enseñando? Si la clase es sobre los árboles, por ejemplo, llevar a los alumnos al jardín del colegio e invitarlos a acariciarlos, palpar las diferencias de textura en el tronco y las hojas; sentir las diferencias de color y olor. Así estimularíamos el canal kinestésico. Como verán, no se necesitan cosas sofisticadas para crear una clase divertida, lo que sí hace falta es imaginación, y mucha, pero ello lo podremos ir desarrollando a medida que estimulamos nuestro cerebro con el desafío de diseñar una clase novedosa, que motive y sorprenda. Con la práctica, cada vez lo haremos mejor.

Nuestras clases serán entonces una aventura y nunca experimentaremos el tedio que aflige y automatiza a tantos educadores, en detrimento suyo y tristeza de sus alumnos. Te invito a ser un EDUCADOR LÚDICO creando un mundo de aprendizaje interactivo, donde crezcas y te diviertas junto a tus alumnos.

Por Neugin López

¡ADELANTE!

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